4 comentarios a “Huarochirí: una nueva edición del Manuscrito Quechua (1608)”

  1. El año pasado, el Fondo Editorial de la PUCP editó el libro “Itinerarios Epistolares: La amistad de José María Arguedas y Pierre Duviols en dieciséis Cartas ” (2011). Este libro fue editado por la socióloga Carmen Pinilla y contiene una entrevista hecha a Pierre Duviols. En ella, Duviols explica que fue John Murra fue la persona quien le pidio a Arguedas haga la traducción de este documento en base a dos puntos. Primero, Murra siempre estuvo interesando en documentos que arrojasen luces sobre el pasado pre-hispánico y segundo, un tanto personal, no le agrado mucho la traducción de HermanTrimborn. Arguedas aceptó el compromiso de traducir dicho documento, pero fue algo muy complicado para él. Con la aprobación de José Matos Mar, por aquellos años era director del IEP, se incluirían 3 estudios que acompañarían al documento. Uno antropológico, a cargo de Murra, uno histórico, a cargo de Duviols, y por último, uno linguistico, a cargo de Torero. Por diversas razones, Murra no asistió a dichas reuniones y Torero se retiró por problemas de Salud. Aunque, para Duviols, la salida de Torero obedecería a otras razones: “Recordando ahora las conversaciones durante esos días, diría que tal vez Torero renunció porque la manera de traducir de Arguedas- y tambíen la leguna y la transcripción del manuscrito- le parecía demasiado problemática. Claro que eso no es mas que una suposición” (Pinilla: 27).

    Duviols cuenta tambien que Murra, en Estados Unidos, le pidió a Jorge Urioste que haga otra traducción al castellano (aunque mucho mas tardía, aparecida en el año 1983). Las dificultades con las que se topó Arguedas han sido bien resumidas por Gerald Taylor: “leer y comprender, sin dificultades, un documento escrito hace casi cuatro siglos es imposible. Sobre todo cuando se trata de un texto redactado en un idioma que no ha mantenido una tradición literaria continua. Basta pensar en los problemas asociados con la interpretación del escrito castellano de la misma época: Divergencias en el léxico, de sintáxis, modificación del sentido de determinadas palabras, etc. Aparte ed algunas idiosincrasias sintácticas, las dificultades principales que obstruyen la comprensión del manuscrito quechua se relancionan con el léxico (y también, evidentemente, con el estado imperfecto de conservación del documento” (Pinilla: 31).

  2. Gracias por el comentario. En efecto, son evidentes los problemas de la traducción de Arguedas. Coincidimos todos, creo, en la belleza de esa traducción, pero también en que no es una herramienta muy útil para el análisis. Volver a reeditarla ahora no parece otra cosa que un capricho, teniendo en cuenta la ya existente edición de 2007.

  3. Preguntar por el aporte de un trabajo académico es pertinente, y más aún si incide en dar cobertura editorial a un corpus tan relegado que el primero que intentó explotarlo literiamente (“cito: “Soy hombre de letras y me precio de ellas”, fariseicamente lo abandonó cuando el lucimiento (y celebro el reconocimiento de que la academia más antigua de América, San Marcos, producía ya en su primer medio siglo plumas como la del tal Ávila) que buscaba le vino a las manos directamente de la curia a la que pretendía lisonjear con esa tratado. Y lo sorprendente es que no tuviera otro epígono que Arguedas, el cual quedó tan impactado por su descubrimiento (es cierto que había sido olvidado desde el tiempo en que Tello, huarochirano él, leyera el tratado en Markham y el Runa indio ñiscap machoncuna en Galante) que le dedicó fabulaciones literarias, en sus Zorros, muy simbólicas, aunque también lejanas del sentido original del mito.
    Si los tratamientos epigonales deben recrear una tradición, ahondando sus raíces (y esperamos aún al amplificador quechua que tome estos motivos y los llene de su encanto vernáculo, contándolos a las nuevas generaciones), el específico fin de las ediciones en actualizar la discusión, y este documento desgraciadamente único y de única fuente recopilado por manos múltiples, además de idiomas encontrados, merece otra discusión que lleve a entender su gestación formal; los elementos de juicio están confusos, pese al sólido avance tayloriano que palía los escollos paleográficos en que encalló Dioses y hombres … e introduce depuraciones de sentido contextualizando los relatos, y también están esperando más cuidadas ediciones.
    Cumple con tal mérito el partir, como lo hace ésta, del facsímil que nos presente los hechos caligráficos, “de la mano y pluma”, aunque no se trate escritos provenientes de los mismos involucrados ni de la redacción original, sea recogiendo sus testimonios o confrontándolos son otros. Que sea el único que le debamos agradecer y signifique, antes bien, una ocasión perdida de publicar estudios más coherentes es lamentable; si ello se debe a que se pierde el editor en su interpretación histórica es aún máslamentable, pero eso no embota la pica en el Flandes textual, pues la única edición facsimilar data de la época del zincograbado.

    Gerardo Quiroz Chueca
    (UNMSM)

  4. Felicitaciones. Es muy agradable leer una reseña con opinión e información. g.

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